"La vida entera puede ser sugerida por el temblor de una hoja."
Federico Fellini

lunes, 13 de octubre de 2008

Poética tanguera

Hay una frontera que separa la biblioteca del resto de la casa donde a veces se escucha música. El tango por ejemplo, otra escritura. Quiero saltar la línea divisoria y bailar libros, suceder tango en el texto, escarbar un orden en el desorden alfabético y mezclar a Piazzola con Pizzarnick. Y, buscando fuentes y razones que me justifiquen, encontré esto:

“En sus orígenes, (al tango) no se lo cantaba; incluso no había instrumentos: solo el repiqueteo de los zapatos en los adoquines y el sonido de las dagas que se cruzaban en cada ‘corte'. “La danza misma ofrece como la síntesis última del duelo criollo y el acto sexual… La herencia aquí es una herencia de significantes en tanto que semblantes; los que anteriormente identificaban al duelo y componían su silueta, se traspasaron luego al tango danza: marcar al adversario o a la pareja; la asentada para detener un golpe o para volcar a la compañera sobre el cuerpo inclinado del varón; el corte del cuchillo o la daga que se transmuta en un corte en el ritmo… casi todos los pasos del tango son herederos de los movimientos internos del duelo criollo: la quebrada, el volteo, el ocho, la media luna, la parada, el cruzado, la rueda, el paso de lado o con golpe, el corte, el paso atrás, la embestida, el abanico, el medio corto y las cuerpeadas … siempre se avanza hacia delante, avasallando.

Antonio Ferrero[1].

¿Entonces, se trataba de un duelo? ¿Música o danza como formas de una civilización que es barbarie? ¿La cultura alfabetizada, la biblioteca con capa y espada, o poncho, alpargata y cuchillo? Se dice que una razón dramática abarcaría todos los lenguajes y se expresaría en la literatura, la música y la danza como matriz de la cultura que identificamos como propia. Acaso no bailamos, sino que actuamos una guerra... ¿Un esquema heredado, no consciente, nos impone la lucha o la adhesión a la lucha que emprenden otros? Y sí. Puede ser que la pareja que baila, tanto como los lectores y los espectadores, actuemos ese modelo invariable, impulsados por la máquina de miedo delimitada por la frontera que nos separa a unos de otros. O quizás el lenguaje nos obligue a ser rótulos de un relato que nos define, confrontándonos. Debemos aceptar los símbolos, dice Pavese... Por mi parte bailo tango, escribo, leo. Una misma corriente me pone en distintos escenarios a los que emigro como una extranjera para buscar la tierra incógnita que llaman cultura. Los libros y la danza. La música. Lo que no me pertenece. La escena de los rivales enfrentados que aparentemente se superpone al placer del entendimiento, la comunicación, la risa, el abrazo. La guerra que nos parió. Y yo, que pensaba que era el amor...Pero esos ajenos enfrentados, al fin, también son mi familia.

2 comentarios:

Fabián Russo. dijo...

Interesante, Hebe, este punto de vista acerca del "duelo" en el Tango, duelo que no deja de ser y no por la daga sino, y es mi visión, por la permanente puesta en juego de la imposibilidad, eso que sostiene al ritual tanguista en tanto no se corra el velo. Saludos.

Anónimo dijo...

Bueno, son los símbolos... ambiguos, enigmáticos, las dos caras de Jano que sobrellevan las palabras. Duelo y duelo, la misma palabra para la causa de la muerte y su efecto. Y es muy cierto que el tango es la ceremonia de un duelo porque marca la carencia, el niño sufriente que somos todos. Y en la danza tal vez se busca la complementaridad, la completud, con los gestos de la violencia y la pasión.
Hebe (como anónima)